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dimarts, 6 de juny de 2017

Espeleòleg mort per despreniment de roques a Galdames. Bizkaia.


Es suspenen les feines de rescat de José Antonio Gambino i es tancarà la Torca de Arañaga.

DEIA 5.06.2017 J Basurto
“Estoy triste por no poder recuperar el cuerpo de mi hermano. Pero no se me ocurre un lugar más adecuado para que reposen sus restos”. Esta es la respuesta que ofreció a través de las redes sociales Javier Gambino, hermano del joven espeleólogo fallecido en la Torca de Arañaga, Galdames, tras darse a conocer que los responsables del operativo del rescate del cuerpo sin vida de José Antonio decidían finalizar sus trabajos ante el “alto riesgo de colapso de la cueva”. Proseguir con el rescate hubiera supuesto un peligro para la vida de las personas que están colaborando en el rescate, por lo que decidieron abandonar las tareas de recuperación del cadáver.
La decisión fue tomada de conformidad con la familia y el Ayuntamiento de Galdames con el objetivo de que “no se produjeran daños mayores para el personal que tomaba parte en el operativo”, según señaló a pie de cueva el viceconsejero de Seguridad del Gobierno Vasco y máximo responsable de Emergencias, Josu Zubiaga. Según informó, ayer por la mañana mantuvieron una reunión los equipos técnicos que estaban tomando parte en el rescate (técnicos de Atención de Emergencias del Gobierno Vasco, especialistas de la Ertzaintza, miembros del Grupo de espeleo socorro vasco e ingenieros de Minas de la Brigada de Salvamento Minero del Principado de Asturias) y “a la vista del riesgo de colapso” decidieron dar por concluido el operativo.

 “La condición que había era no poner en riesgos innecesarios a los equipos de rescate y en estos momentos el riesgo es alto”, señaló el viceconsejero, para añadir que en las últimas horas se han producido “movimientos” que no aconsejan “seguir con el procedimiento”.

De hecho, en torno a las 4.30 horas de la pasada madrugada se produjo una parada temporal en las tareas de rescate debido a un problema acaecido en el punto más crítico de la cavidad.

Por último, Josu Zubiaga dijo que “de este modo, en principio la decisión es definitiva”, toda vez que la familia del fallecido está también “de acuerdo”. “Sabiendo que está allí el cuerpo no se puede poner en riesgo a otras personas”, afirmó el viceconsejero. Las dificultades para rescatar el cuerpo del espeleólogo se vieron desde el primer momento de la operación del rescate ya que, precisamente, la muerte de José Antonio Gambino se produjo por un desprendimiento de rocas.

Alarma
La voz de alarma se produjo el mismo jueves a la tarde cuando José Antonio no volvió a su domicilio. Los amigos, a los que había indicado que se iba a meter en la Torca de Arañaga, se desplazaron hasta la boca de la cueva y tras un duro trabajo pudieron certificar que el espeleólogo santurtziarra yacía sin vida en su interior atrapado por unos grandes bloques de rocas. A partir de ese momento se puso en marcha el dispositivo de rescate, conscientes de la dificultad que iba a suponer sacar su cuerpo al exterior.

"David Díez, miembro del equipo de Espeleosocorro vasco y presente en las labores de rescate, explica que «se trata de una cueva pequeña, con pasos estrechos y unos bloques al fondo (dos de ellos se han desprendido sobre la víctima), que hacen del espacio una zona muy inestable».


El experto señala que «no cuentan con experiencia» en este tipo de accidentes, afortunadamente apoco habituales. «Habrá que mover las rocas caídas, romperlas y pedir ayuda a los bomberos dada la inestabilidad de la cueva. No sabemos ni si se va a poder hacer y, en cualquier caso, se va a tardar mucho tiempo», matiza."

"El alcalde de Galdames, Asier Larrucea, que está informado en todo momento por los servicios de rescate, coincidió con los técnicos del Gobierno Vasco en que “la situación es complicadísima”. “Se ha llegado un punto muy estrecho en el que no se pueden poner estacas de madera para hacer el apuntalamiento”, señaló.

Desde que se iniciaron los trabajos para intentar llegar a la zona donde se encuentra sepultado el cuerpo de José Antonio Gambino apenas han avanzado. Los equipos de rescate bajan sin problemas hasta una profundidad unos 15 metros, y desde allí pasan a un lugar “más seguro”, pero a partir de ese punto se encuentran con un “embudo” muy estrecho, “en él solo puede entrar una persona y sin arnés”. En esa zona es donde comienzan las dificultades, ya que hay desprendimientos y la roca es muy endeble. Según explicó el alcalde, “van a tener que taladrar la pared para poder apuntalar la zona con placas de hierro, que, precisamente, las van a hacer en un taller de Galdames”.
Durante el viernes y el sábado, los equipos de rescate estuvieron trabajando ininterrumpidamente durante las 24 horas del día, aunque no se produjeron grandes avances. El sábado por la tarde, el responsable técnico de Emergencias del Gobierno Vasco, Gaizka Etxabe, ya advertía que “la situación era muy compleja y que el rescate iba a ser muy lento”.

Los ingenieros de Minas venidos desde Asturias para asesorar en las labores de rescate aconsejaron apuntar cada paso que iban dando los rescatadores. El apuntalamiento no se podía hacer con estacas de madera, por lo que comenzaron a fabricar unas especiales de hierro en un taller de Galdames. Los técnicos del Gobierno vasco también resaltaron que para ellos el único factor que tenían en cuenta era “el riesgo” para no poner en peligro la seguridad de las personas. Eso es lo que ha primado a la hora de valorar la continuidad.

"Quienes conocían a José Antonio lo califican como una “persona muy experimentada” en el mundo de la espeleología. “Ha sido mala suerte”, repite una y otra vez un amigo que ha participado con él en muchas salidas espeleológicas.

José Antonio tenía 37 años, estaba soltero y vivía en Cotillo, un barrio de Santurtzi que linda con Kabiezes. Según cuentan sus allegados, estaba muy involucrado en los movimientos vecinales de su barrio, inquietud que la canalizaba a través de Alaiki, un grupo de tiempo libre de Kabiezes. 

Comenzó muy joven en la espeleología, y quizá esa afición por las cavidades y la estructura interior de la tierra le llevó a estudiar Geología en la Universidad del País Vasco, donde se licenció en 2004.

Para entonces ya llevaba acumulada una gran experiencia en la espeleología. A finales de los años noventa entró a formar parte de la Sociedad Espeleológica Burnia de Galdames, donde llegó a ser presidente. 

Sus compañeros de la sociedad no dudan en afirmar que “si hubiera un título oficial como técnico en espeleología, ese lo tendría José Antonio”. Y resaltan que “no solo conocía las cuevas de Galdames sino que había participado en expediciones a Papúa Guinea y México”. Aunque llegó a trabajar de geólogo, actualmente trabajaba en una empresa de trabajos verticales. - E. Castresana"


dimarts, 3 de gener de 2017

Dinamiters


Rebo una trucada d'en Ramon Canela que em diu que l'endemà vol anar a destapar un forat molt interessant, preguntant-me si hi vull anar. Feia temps que no ens veiem amb el Ramon i vaig contestar que sí. Tot això va ser el dia dinou de març del 2005.

El Forat del Vent és un lloc ben conegut per la gent de La Nou de Berguedà i per molts centres excursionistes, ja que està situat a tocar d'un camí freqüentat pels amants de la muntanya i citat en els recorreguts moltes marxes i caminades.

Història del forat. Inicialment, era un petit forat, com un cau de conills, pel que en moltes ocasions hi sortia una forta corrent d'aire. D'aquí el seu nom: El Forat del Vent.

Ara, la boca té aprox. 1  x 1 m.   Fotos: Wikiloc.   Autor: Jomovi  
Estat actual del forat: El cau s'ha anat convertint en una boca de cova, que pel color blanquinós del portal, que contrasta amb el de la pedra de l´entorn, es veu que ha sigut engrandida a cops d´eina. S´ha picat i desenrunat fins a assolir una galeria d´uns 4 metres, que continua en una esquerda a manera de pou impenetrable. Això sí, segueix sortint "vent".

Segons el Ramon, per la seva situació amb un gran desnivell sobre el pantà de La Baells i un terreny amb fort pendent, podria donar accés a una important cavitat vertical.

Per les característiques del forat, la desobstrucció s'havia de fer amb explosius si és que es volia ser efectiu. L'explosiu eren cartutxos dels de les pistoles de clavar sobre formigó o acer, usant-ne varis en cada detonació.

Un de tants models de cartutxos
En primer lloc s'havia de practicar un forat a la roca, amb la previsió que en esclatar saltés una porció de pedra el més gran possible. Foradar estava ben resolt amb una màquina portàtil a bateries, una bona peça. Amb una broca de diàmetre 8 mm s´aprofundeix uns 30 cm. La càrrega dels cartutxos és una feina més delicada, s´hi ha d´anar carregant d´un per un i tots orientats de la mateixa manera, amb la cara a on pica el percutor mirant a fora, com es carregaria en una pistola. Amb els dits es col·loca cada cartutx al forat i amb una varilla amb el cap pla se l´empeny fins al fons. La forma plana de l´extrem de la varilla assegura que no es picarà el fulminant involuntàriament. Així fins a deu càrregues per forat. La varilla del cap pla, per l´altre costat és acabada en punta cònica i aquest costat és el que es fa entrar al forat al final de l´operació i que actuarà com a percutor en donar-li un impacte.

L´impacte es fa des de l´exterior de la cavitat, no es pot fer amb un cop de martell estant una persona dins del forat, ja que els trossos de roca surten projectats en totes direccions. A l´extrem de varilla que surt de la perforació, se li acobla una barra de suficient llargària, uns dos mètres, com perquè sobresurti de la boca i es pugui picar des de l´exterior. És una mena de comandament a distància però manual, sense electrònica. Per evitar la sortida de projeccions de roca a l´exterior, es tapa la boca amb una manta i d´aquesta manera el que pica la barra, amb un mall, queda protegit de les projeccions de roca.

El que pica pot ser sí que estigués protegit, però jo que estava al seu costat, vaig rebre a la part interior de l'entrecuix l´impacte d´un tros que devia passar per algun lloc que no estava ben tapat. Va ser com si quatre abelles m´haguessin picat al mateix temps, vaig sentir una gran cremor i la roba del camal dels pantalons es va esfilagarsar, quasi foradar. Hagués pogut ser pitjor, ja que només per quatre dits no em va tocar altres zones molt més delicades i difícilment recuperables.

L'actuació desobstructiva no va continuar gaires sortides més. L'estretor exigiria una feina ingent.