dissabte, 15 de juliol del 2017

Aitzbitarte IV, noves descobertes d’art rupestre.

Un grupo de espeleólogos del Félix Ugarte Alkartea ha hallado en una cueva de Errenteria Gipuzkoa) unas imagenes paleolíticas de animales de hace unos 14.000 años.

Las reproducciones, grabadas en arcilla, son una quincena de bisontes, caballos y cérvidos, así como dos vulvas, una de ellas de un metro de altura. Los expertos consideran las reproducciones únicas en la Península Ibérica por la técnica empleada en ellas y su "excepcional" estado de conservación.
La Diputación de Gipuzkoa ha clausurado la cueva para preservarlas, ya que, al estar realizadas sobre arcilla, son extremadamente frágiles. El Ayuntamiento de Errenteria pretende poner en valor estos hallazgos con visitas guiadas este mes de agosto.

Roda de premsa

El descubrimiento, realizado en abril, se ha dado a conocer este lunes en San Sebastián. El arqueólogo Diego Garate, promotor de los hallazgos de Aizpitarte y de otras cuevas, ha explicado durante la presentación que las imágenes, datadas en el Magdaleniense Medio, han sido modeladas sobre la arcilla con "una técnica desconocida hasta ahora" en otras cuevas de la Península Ibérica pero que enlaza con otros hallazgos realizados en el Pirineo central, en el Ariège francés.
Al acto también han acudido Javier Busselo, miembro del grupo espeleológico Félix Ugarte, y la arqueóloga Olivia Rivero, además del diputado foral de Cultura, Denis Itxaso.

Olivia Rivero explicó que los grabados representan “un ejemplo claro de la maestría en la técnica del magdaleniense, tanto por las formas como por el control de las proporciones, a pesar de la dificultad de acceso del artista a la zona”, dijo ayer. También destacó los juegos de volúmenes que consiguen “con el uso de la arcilla y el contraste cromático”. Además, con un buril fueron modelando las partes clave, como los ojos, el cuerno, los pelos “para rematar el detalle”.

"Cuando me mandaron las imágenes por el móvil eran tan espectaculares que pensaba que me estaban engañando" y, al verlas al natural, "me quedé sin palabras", ha señalado al recordar cómo tuvo conocimiento del hallazgo. Algunas de ellas, realizadas en bajorrelieve, fueron localizadas en una chimenea de la cueva, denominada Aitzbitarte IV.

A la zona, de muy difícil acceso, se llega tras ascender un tramo de unos diez metros y atravesar dos tubos semiverticales de otros ocho metros.



Según ha explicado este experto, el magnífico estado de los grabados se debe, además de a la inaccesibilidad del lugar, a las condiciones estables de temperatura y humedad de la galería, que las ha mantenido en una especie de "frigorífico" en el que nada ha cambiado en los últimos 14.000 años.

Uno de los bisontes y otro animal aún por determinar fueron realizados por artistas prehistóricos mediante un buril de sílex, utilizando también los dedos para crear volumen y planos de relieve diferenciados sobre la arcilla, con el fin de resaltar la perspectiva de las extremidades con extraordinaria minuciosidad.

El yacimiento tiene forma de "Y" en la que se diferencian varios grupos de representaciones, el primero de los cuales está integrado por el citado bisonte, realizado con "una maestría muy poco común", y otra figura animal que aún no ha sido concretada, mientras que en el segundo conjunto se puede observar una gran vulva de un metro de altura, junto a otro órgano femenino de estas características de menor tamaño.

El tercer grupo de imágenes está ubicado en una especie de "gatera" con un suelo de arcilla "intacto" que aún no ha sido explorado para no alterar su entorno pero en el que, desde la distancia, se aprecian varios bisontes y figuras.

Los especialistas, que también han encontrado la impronta de una mano humana sobre una de las paredes, estudian ahora cómo realizar el análisis de esta galería, para lo que manejan la posibilidad de utilizar perchas con cámaras o incluso un dron.
El yacimiento de Aitzbitarte se encuentra situado en una colina atravesada por una treintena de oquedades cársticas cuyo extraordinario valor arqueológico es conocido desde el siglo XIX, ya que fueron un hábitat de nuestros antepasados durante el Paleolítico y períodos posteriores, aunque las cuevas con mayor potencial son las denominadas Aitzbitarte III, IV y V, en las que en 2015 ya se encontraron otros grabados de unos 25.000 años de antigüedad.

Los hallazgos de pinturas magdalenienses no son infrecuentes en el País Vasco. Y tampoco lo son las vulvas en esta época, de uno u otro tamaño. Los especialistas tienden a relacionarlas con la fertilidad, el apareamiento, igual que se hace con las estatuillas centroeuropeas de hiperdesarrollados órganos sexuales y de crianza. Juan M. Vicent, experto en Prehistoria del CSIC, explica, con todas las cautelas, que algunos de estos santuarios decorados con vulvas podían ser lugares de encuentros entre grupos poblacionales escasos que de otro modo no tendrían capacidad para relacionarse. Con mucha distancia y mucha metáfora serían como lugares para ligar. “Quizá haya penes también, pero no resultan tan fáciles de ver. Quizá están transmutados en animales o en figuras geométricas”. Quizá.

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