divendres, 11 d’agost del 2017

Armintxe: berenjenal arqueológico, hidrogeológico y diplomático.


Hem rebut d'en Oier Gorosabel la següent nota que pel seu interès reproduïm integralment:
"Acabem de publicar la primera informació en castellà sobre l'exploració de la cova d'Armintxe (Lekeitio), i el problema que ha sorgit entre els espeleòlegs i els arqueòlegs que dirigeixen el lloc. La situació és "explosiva", perquè si no la resoldrem el més aviat possible, es perdran els gravats de la cova.
Per aquest motiu, creiem que Armintxe serà un punt d'inflexió en la consideració dels espeleòlegs en els jaciments arqueològics. Esperem que us interessi. Salut!"

Artículo redactado el mes de abril de 2017, y publicado originalmente en euskara en la revista Karaitza nº 24 pp. 46-55.

Resumen
En el año 2016, el hallazgo de un conjunto de arte rupestre excepcional puso la cueva de Armintxe (Lekeitio, Vizcaya) en el punto de mira arqueológico internacional. En el presente artículo se expone el estado de la exploración de esta caverna, que actualmente se halla interrumpida debido a un conflicto entre Administración, arqueólogos y espeleólogos.


Hidrogeolgía   

La cueva de Armintxe se encuentra en el Anticlinorio del norte de Vizcaya, concretamente en la zona noreste del anticlinal, en el sector correspondiente a Nabarniz-Aulestia. En esta zona abundan las fracturas y plegamientos, tanto paralelas a la estructura principal como perpendiculares u oblicuas a la misma. En el karst que se extiende en la zona existen plegamientos y quiebros en diversas orientaciones.

La cueva, prácticamente en su totalidad, se extiende en dirección NO-SE, aprovechando una fractura que corre a favor de la tectónica principal del anticlinal, en materiales de las facies urgonianas del Cretácico Inferior. La mayor parte de la cavidad se ha desarrollado en calizas arrecifales masivas, aunque también hay un sector donde predomina la caliza paraarrecifal estratificada, sobre todo en la zona que va desde la entrada actual de la cueva hacia el este.

Sabemos que la cueva funciona como colector del agua procedente de dos dolinas que conforman un pequeño polje de 600 x 200 metros; pero es probable que la cabecera hidrográfica se extienda más al norte. El agua llega a las dolinas deslizándose sobre sustratos impermeables, y posteriormente es absorbida en su mayor parte por el sumidero de Larrotegi que se encuentra a pocos metros del extremo oeste de la cueva. Todavía no se conoce el trayecto que sigue el río subterráneo a partir de este punto, o cuál es su surgencia; lo que sí se conoce es que, en épocas de crecida, gran parte de la galería queda inundada. Este fenómeno no es natural, sino consecuencia de las actividades humanas que han venido sucediéndose durante los últimos siglos.


Contexto geográfico

Desde que la gente comenzó a habitar las cuevas, su actividad ha producido cambios en los entornos kársticos, que se deterioran y contaminan fácilmente. El karst presenta formas características en superficie y bajo tierra, tales como depresiones, sumideros, dolinas, simas... por lo que constituye un entorno natural muy frágil. Como consecuencia, es muy sensible a cualquier cambio, por pequeño que sea (CALÒ, 2006:48). En muchos lugares el ser humano ha explotado los entornos kársticos de forma desmedida, unas veces por descuido, y otras por desconocimiento (VAN BEYNEN, 2011:351).

Es así que las intervenciones humanas producen grandes cambios y degradaciones en los entornos kársticos, mediante la explotación mineral, forestal y agrícola, la construcción, el uso de simas como vertedero, etcétera. Todas estas actividades pueden comportar efectos negativos sobre el karst: contaminación, agotamiento de recursos hídricos, cambio de la hidrología y morfología de la cavidad, desaparición de especies animales, etcétera (CALÒ, 2006:48).

El caso de la cueva de Armintxe, en Lekeitio, es un ejemplo paradigmático de todo ello. De hecho, la característica principal del karst donde se localiza la cavidad es que se trata de un “karst urbano”. Esta característica ha condicionado su estructura, funcionamiento y morfología, y las intervenciones humanas han acrecentado el impacto. Al tratarse de un entorno kárstico que tiene encima un núcleo urbano, las actividades constructivas y de urbanización han alterado de forma notable la superficie y el subsuelo. El karst ha sufrido una profunda transformación: zonas de discontinuidad topográfica (dolinas, lapiaces) han sido cubiertos para allanar el terreno y urbanizarlo; corrientes de agua han sido desviadas; conductos naturales se han aprovechado para conducir aguas sanitarias; la cabecera del valle ha sido empleada como vertedero durante muchos años; las cuevas se han usado para diferentes actividades económicas... (ADES, 2016).

Entre todas estas intervenciones, debemos destacar dos de ellas. Por una parte, dentro de la cueva, cerca de la entrada, se construyó en el pasado una presa para satisfacer las necesidades del vecindario, acumulando y bombeando agua. Esto produjo un gran acúmulo de sedimentos en la galería principal de la cueva, y el colapso del conducto. Por otra parte, la construcción de casas y urbanización de la zona que se produjo a partir de mediados del siglo XX tuvo consecuencias similares. La propia entrada de la cueva fue rellenada con escombros en esa época, hasta prácticamente quedar oculta. Todas estas circunstancias han alterado profundamente el curso del río subterráneo, con la inundación episódica de la mayor parte de las galerías de Armintxe, que ha producido entre otras cosas el deterioro de una parte del patrimonio artístico que encierra.


Buscando una cueva perdida

Decíamos que la cueva que nos ocupa se encontraba desaparecida; concretamente por unas obras de urbanización que se hicieron en 2001. Sabíamos de su existencia, por testimonios de los vecinos. Ellos nos indicaban que era la cavidad más notable entre las varias que existían en la colina de Armintxe, debido a que tenía dentro una sima que los más atrevidos descendían empleando una cuerda. También señalaban la obra que la hizo desaparecer: un camino peatonal construido para comunicar los barrios de Larrotegi y Letraukua. Esta descripción coincidía con la referencia que el Grupo Espeleológico Vizcaíno de la Diputación publicó en su día con el número 796.

Encontramos el próximo cabo del que tirar en el año 2008. Llevamos años recopilando información sobre el alcantarillado y suministro de aguas de Lekeitio. Por estar localizado en un karst, el pueblo ha venido teniendo históricamente muchos problemas con el abastecimiento de agua; y así, principalmente desde el siglo XIX, se han realizado importantes obras hidráulicas que han utilizado en parte galerías naturales. En el Archivo Municipal, examinando un volumen de documentos relativo a estos temas, encontramos un manuscrito de 1796 en el que un perito examinaba diferentes puntos de abastecimiento de agua para la villa, considerando entre ellos varias cavidades. Extraemos una cita de este texto:

 “He estado en la cueba o gruta de Arbiach, por la que al parecer corre bastante cantidad de agua, pero a una profundidad tan grande, como que desde el parage donde corre la agua, asta la entrada de la gruta, ai sobre ochenta pies de altura: ai tambien recelos de que en tiempo de grandes maretas llegan estas al mismo parage; pero aunque no lo hubiere, y aunque la agua no estubiere a una profundidad tan grande, seria preciso para sacarla della, al punto desde el qual se pudiese conducir a la Villa, hazer una Galeria, como las que se acostumbran en las Minas asta encontrar con la agua: obra a mi ber de inmenso coste, por ser aquel parage todo peñascoso, o por mejor decir una piedra caliza.”

Hagamos un pequeño inciso toponímico para indicar que esta colina caliza del suroeste de la villa ha venido siendo designada de diversas formas a lo largo de la historia. Así, los documentos más antiguos la consignan como Arbeatx; también la encontramos mencionada como Arbiatx; y durante el último siglo las formas más corrientes han sido Armitxe, Armintxe o Arbintze, topónimos rurales que han quedado a su vez eclipsados, al haber sido sustituidas las pequeñas huertas y bosques de la colina por los edificios y calles asfaltadas de los barrios de Letraukua y Aldamiz-Etxebarria.

De esta forma, los datos se fueron acumulando. El año 2013, uno de los informadores nos explicó de forma muy concreta el lugar donde la cueva se encontraba, con referencias geográficas precisas; fue así que, en el lugar por él señalado, encontramos un mogote de piedra caliza donde se apreciaban restos de una galería repleta de tierra. Pero había un inconveniente: se encontraba al borde de un camino peatonal, por donde todos los días circulan cientos de niños en su camino a la escuela. Por razones de seguridad, había que realizar la exploración completa de una sola vez: abrirla, explorarla, topografiarla, fotografiarla, tomar muestras, volverla a cerrar... Demasiado trabajo para un solo día, habida cuenta de que en esa época no le dimos mucha importancia; no era sino una más de las decenas de cuevas que teníamos pendientes de exploración en esa zona.

Pero las cosas cambiaron: los hallazgos de los últimos años (Garratxa I en el monte Lumentxa, Askondo, Morgota, Atxurra...) y especialmente el trabajo conjunto de espeleólogos y arqueólogos, promovido por la Diputación Foral de Vizcaya, ha llevado a que la cuenca baja del río Lea se haya convertido en una zona de inusitada importancia en cuanto a arte rupestre se refiere. Así, aquel agujero tapado por unas obras cobró interés; tanto es así que, cuando pusimos fecha a la desobstrucción, invitamos a nuestros amigos de la Asociación Arqueológica AGIRI para que estuvieran presentes si hallábamos algo.


Descubrimiento

Como se avecinaba una jornada dura, aquel 1 de mayo reunimos un número excepcionalmente grande de personas dispuestas a ayudar. Lo que sucedió ese día constituye un ejemplo inmejorable de la forma de trabajar en espeleología: unos extrajeron tierra, piedras, bloques de hormigón, hasta liberar un estrecho paso sobre la masa de desechos; tras pasar por el mismo, aparecieron en el techo de una gran galería, en el vértice de una gigantesca montaña de escombros; adentrándonos hacia la derecha, encontramos aquella “pavorosa” sima que algunos vecinos descendían, todavía con una gruesa maroma rodeando a una estalagmita; hacia la izquierda, descendimos unos 15 metros sobre un cono de escombros inestables, hasta llegar al fondo de la galería principal; a partir de este punto, afortunadamente la cueva estaba libre de desechos. Para entonces, cada miembro del grupo se hallaba realizando el trabajo que le había sido asignado: unos exploraban el camino a seguir, otros examinaban las paredes, otros levantaban la topografía, otros tomaban muestras, otros fotografiaban... Una vez más se mostraba la exactitud de las palabras del gran Félix Ruiz de Arkaute: “el eslabón no es nada; lo que importa es la cadena”.

El momento del descubrimiento fue muy curioso, de emociones encontradas: alegría y preocupación. Desde el primer momento nos dimos cuenta de lo insólito de algunos de los grabados y de las características del panel. Algunos de nosotros, de forma muy gráfica, ha referido que en lo que sintió en aquel momento fueron “ganas de huir corriendo”, como si estuviéramos profanando aquel lugar. Salimos en busca del arqueólogo de AGIRI, quien cuando le llevamos a aquel lugar confirmó nuestras suposiciones. Decidimos suspender inmediatamente la exploración; realizamos fotografías del panel, procurando no tocar nada, y volvimos al exterior, cerrando el paso que habíamos abierto para dejarlo disimulado. De los siete espeleólogos que estábamos presentes aquel día, la mayor parte no hemos vuelto a aquel lugar.


Exploración

Después del shock, se impuso el sentido común espeleológico: había que proseguir el trabajo cuidadosamente. El mismo día del descubrimiento pudimos recopilar una serie de datos, que en aquel momento no pudimos interpretar, pero que a medida que la exploración avanzaba fueron significativos: por ejemplo, que en Erreka Buxatuaren Galeria (“Galería del Río Colmatado”), nivel -1, a partir del nivel 0 correspondiente a la entrada) existían signos de inundación; hecho sorprendente, dado que en tal nivel no encontramos río alguno.

Durante todo el mes de mayo no volvimos a Armintxe; hemos de recordar que la cueva carecía de protección, y cualquier trabajo realizado entre tanto hubiera atraído a exploradores furtivos. Para primeros de junio el Ayuntamiento de Lekeitio ya había instalado la puerta; a partir de ese momento, nuestros primeros trabajos fueron preparar la cueva para la visita de los arqueólogos, instalando con cuerdas y escalas los pasos conducentes a la Sala del Panel, y conducir a los especialistas a la misma.

Una vez efectuados estos trabajos prioritarios, había que explorar el resto de sectores. Hasta el momento no sabíamos nada de la cueva, exceptuando la inspección efectuada el primer día. Establecimos un férreo protocolo: Armintxe sería explorada por un pequeño número de personas (con gran dolor por nuestra parte, tuvimos que vedar la entrada a muchos miembros del ADES); el tiempo de cada exploración sería controlado con precisión, especificando el número de minutos empleado en cada sector; nadie volvería a la Sala del Panel, a no ser que fuera para acompañar a los especialistas (varios de los espeleólogos que han participado en la exploración de Armintxe aún no han visto los grabados).

Proseguimos con la exploración el 25 de junio. Ese día, pozo a pozo, descendimos hasta el nivel -2. En este lugar, aparte de constatar la gran cantidad de sedimento acumulado (nos hundíamos en limo hasta las rodillas), hicimos un hallazgo inesperado: una presa artificial. La sorpresa fue mayúscula dado que era evidente que, en tiempos de lluvia, tanto aquel nivel como el inmediatamente superior quedaban inundados. Así, ¿qué sentido tenía una presa allí abajo? Comenzamos a atar cabos; hoy en día creemos que esta presa puede tener algo que ver con el informe de 1796.
 

Ese mismo día encontramos el primer grabado en Erreka Buxatuaren Galeria (nivel -1, pero del otro lado de la pirámide de escombros). Se trataba de un caballo solitario, que según las marcas de inundación se había librado por pocos centímetros de quedar bajo el agua. Se encontraba mirando a una pequeña galería, por la cual pudimos entrever una nueva sala que, según la topografía, parecía ser prolongación natural de la Sala del Panel. Fue una situación curiosa, ya que parecía que el caballo nos estaba invitando a entrar a esa sala. Pero... no entramos, y este lugar que denominamos Sala Prohibida está a día de hoy sin explorar. ¿Cuál fue nuestro motivo? La sospecha de que en esta sala existieran más grabados, y que al acceder por la pequeña galería pudiéramos tocar y alterar sus paredes y suelo. Remarcamos este detalle porque a nuestro juicio es significativo de la forma de explorar del ADES.

Otro dato que haremos notar (después se verá por qué) es que, tal como el descubrimiento tuvo lugar un 1 de mayo, los trabajos sucesivos también los realizamos en días festivos y fines de semana. Este detalle subraya que los espeleólogos no vivimos de esto, tal como puede hacerlo el repasar las diversas profesiones que ejercen los exploradores de Armintxe, a saber: fabricante de ladrillos, fontanero, cocinero, periodista, delineante, abogado, dos geógrafos, tres bomberos, tres profesores...  por poner unos ejemplos.

Durante el verano de 2016, por tanto, una o dos veces por semana según el trabajo de cada participante lo permitiera, proseguimos los trabajos de exploración de Armintxe: identificación de corrientes de agua; detección de anomalías en la circulación de dichas corrientes; localización de yacimientos paleontológicos; hallazgo de vestigios de un antiguo molino-bomba de agua... Pero, entre todos ellos, destacaba el darnos cuenta de las dimensiones del problema hidrológico que está poniendo en peligro la integridad de los grabados rupestres. Además, mientras nos encontrábamos analizando la geomorfología de la cueva (con la ayuda de los especialistas y amigos del Grupo de Espeleología Zarama), el 2 de agosto comenzamos a encontrar nuevos grabados.

Desolados, nos dimos cuenta que Hondo Bako Galería (“Galería Sin Fondo”) también estaba repleta de grabados. Aunque distinguimos algunas figuras (la mayor parte caballos), otras muchas no pudimos llegar a identificarlas: fragmentos de animales, líneas sueltas... Aquellos grabados, que probablemente hasta hace pocos años eran tan visibles como los del Panel Principal, se encontraban degradados por la acción del agua limosa.


Conflicto diplomático

Pocos días después, 4 meses después del descubrimiento, nos vimos obligados a interrumpir los trabajos con sus diversas líneas de investigación, por discrepancias con los técnicos y arqueólogos de Diputación. Las razones no tienen que ver con el pacífico mundo subterráneo, sino más bien con una mala interpretación de los conceptos aficionado y profesional (más adelante nos extenderemos en este aspecto). También hay que tener en cuenta que los profesionales suelen tener intereses específicos (méritos, curriculum, publicaciones, promoción laboral...) que en los espeleólogos aficionados no tienen tanto peso; es posible que este factor esté contribuyendo de alguna forma al conflicto.


Choque

Durante el verano de 2016 los trabajos de exploración se desarrollaron sin problemas, durante seis semanas muy productivas. Pero en septiembre, inesperadamente, la Diputación Foral de Vizcaya nos solicitó que devolviéramos la llave. La razón que adujeron fue que “la exploración se estaba descontrolando”; y nos informaron que en adelante nuestras entradas deberían ser realizadas en presencia del arqueólogo.

Manifestamos nuestra disconformidad: por un lado, consideramos que el procedimiento de exploración fue intachable (antes hemos descrito nuestro estricto protocolo); por otro, la exploración con arqueólogo es técnicamente imposible, por las razones que expondremos a continuación.

En nuestra opinión, esta petición evidencia un profundo desconocimiento de lo que es la espeleología. Los especialistas no espeleólogos carecen de la preparación necesaria para desarrollar la exploración de una cavidad. Esto conlleva un notable peligro, no sólo para el propio especialista (arqueólogo u otro), sino para el propio yacimiento, que se resiente de la progresión por ella de una persona que, debido a su falta de pericia técnica, erosiona suelos, deteriora paredes o se agarra a lugares que un espeleólogo nunca tocaría. Dicho de otra forma: llevar al arqueólogo con nosotros, además de no servir para controlar nuestro trabajo (ya que él no puede llegar adonde nosotros llegamos), impediría la propia exploración.

Hay que tener en cuenta que, hasta ahora, la mayoría de los yacimientos se localizaban cerca de las bocas de entrada. Así, este conflicto, o no se producía, o pasaba desapercibido: como el acceso al yacimiento era fácil, si la Administración o los profesionales tenían alguna discrepancia con los espeleólogos, simplemente prescindían de ellos. Ahora eso no es posible. Todo apunta a que, en los próximos años, se encontrarán cada vez más yacimientos en profundidad, en lugares de no tan fácil acceso, por lo que en adelante la colaboración de los espeleólogos será imprescindible para trabajar en ellos. Decididamente, nosotros estamos dispuestos a ello; pero, tal como nosotros respetamos el trabajo de los profesionales, es necesario que en adelante nuestro criterio comience a ser respetado.

¿Cuál es ese criterio? En el ADES no proponemos ningún sistema descabellado, sino el mismo que hemos venido empleando con el Servicio de Patrimonio de la Diputación, con bastante buenos resultados por cierto durante nuestros 30 años de existencia. En lo que a arqueología se refiere, consiste en:
  • Organizar nuestro propio trabajo.
  • Durante el mismo, ir detectando las zonas de potencial interés arqueológico.
  • Conducir al arqueólogo a las mismas, y –entonces sí- trabajar en dichas zonas bajo su supervisión. 
Éste sistema y no otro es el que ha permitido el hallazgo de yacimientos con arte rupestre como Santimamiñe, Morgota, Atxurra... o la misma Armintxe (recordemos que el día del descubrimiento fuimos nosotros los que invitamos a los arqueólogos a estar presentes, y que asimismo nosotros tomamos las primeras medidas de protección de la sala de los grabados).

En resumidas cuentas: los espeleólogos hemos mostrado desde siempre una gran sensibilidad hacia el patrimonio que encierran las cuevas  (ARRIZABALAGA, 1993), y hemos demostrado sobradamente nuestra capacidad de trabajar en un yacimiento, a veces con mayor capacidad de salvaguardarlo que los profesionales.


Los espeleólogos, al margen

El incidente más grave vendría  en octubre, cuando la Diputación presentó públicamente el hallazgo. Para nuestra sorpresa, en la nota de prensa distribuida al efecto no se mencionaba ni una sola vez a los espeleólogos. Asimismo, en la rueda de prensa el descubrimiento se atribuyó a la Diputación Foral de Vizcaya. La única mención a los espeleólogos la hizo el arqueólogo César González, en la parte final de la presentación.

Esto ya fue demasiado para nosotros; si hasta entonces nos tenían contentos, puede deducirse fácilmente que esta jugada no contribuyó a mejorar la situación. No obstante, los periodistas se dieron cuenta enseguida de lo que sucedía; tras dicha mención final, algunos medios de comunicación se interesaron por nosotros y, durante los siguientes días, informaron de nuestro malestar.

Al final del acto manifestamos nuestra protesta a la oficina de prensa de Diputación. Admitieron su error, y por nuestra parte no creemos que hubiera en ellos mala fe; simplemente, se limitaron a seguir el procedimiento cotidiano, consistente en dar el protagonismo a los directivos de la casa, relegando a los descubridores a un segundo plano.


Problema histórico

En este punto, conviene que tomemos distancia para ver este asunto desde otra perspectiva. Lo que se ha intentado hacer con el ADES en Armintxe no es más que el último exponente de un problema histórico entre todos los espeleólogos y la Administración. Cuando los espeleólogos hemos realizado algún hallazgo, cosa relativamente frecuente, casi siempre hemos quedado a la sombra de los profesionales y de las instituciones; y la mayoría de las veces no nos ha importado, dado que nuestro objetivo no es tanto la gloria, como el conocimiento y la protección del karst. Pero también tenemos nuestros límites, que en la presentación de Armintxe se traspasaron largamente (y no somos los únicos que así pensamos: muestra de ello es la gran cantidad de grupos de espeleología que se solidarizaron con nosotros en aquel momento).

En este caso, hemos de hacer notar que en esta ocasión ha sucedido algo no muy habitual: en vez de quedar en el ámbito privado, este desplazamiento a segunda fila de los espeleólogos ha salido a la luz pública, suscitando bastante interés y cierta indignación por parte del público no especializado.

Nuestra actitud

Desde entonces, y hasta la fecha de redacción de este artículo, la Dirección del yacimiento de Armintxe no ha vuelto a contar con el ADES. Se han sucedido situaciones cuando menos kafkianas. No daremos detalles para no avergonzar a nadie, pero podemos mencionar la actitud contradictoria de la Administración (con jefes que nos dan repetidamente la razón, y subordinados que siguen obstaculizando nuestro trabajo); o que el ADES presentó por escrito su plan de trabajo, y tras ser éste aprobado, ese mismo trabajo fue adjudicado a una empresa privada; o que tras prohibirnos la entrada a nosotros (argumentando que podíamos dañar el yacimiento), algunos periodistas y especialistas entraron a la cueva sin respetar su protocolo de protección...

Hoy por hoy, los espeleólogos nos encontramos teóricamente a la espera de la planificación de los trabajos, entre los cuales está previsto que el ADES termine la exploración. Nos consta que se están realizando algunos trabajos (arqueología, geología, sedimentología, fotogrametría...) , pero pese a que nos hemos interesado por ellos, no hemos recibido ninguna información. Es decir que, actualmente, espeleólogos y resto de especialistas trabajan en Armintxe dándose la espalda mutuamente y sin comunicación alguna.

A pesar de que la situación actual es incómoda y ridícula, no podemos evitar ser optimistas. Creemos que todas las partes (Administración, arqueólogos y espeleólogos) vamos a aprender mucho de la resolución de este conflicto; entre otras cosas, que no hay forma de que la embarcación avance, si no es remando todos en el mismo sentido.

Como hemos manifestado en numerosas ocasiones, estamos más que dispuestos a terminar la exploración de la cueva, que en nuestro catálogo denominamos “IS-100 Armintxe II” por ser una más de las muchas que se encuentran en la misma colina. Sabemos que la aportación del ADES será clave para resolver el grave problema hidrológico que amenaza al yacimiento. Llevamos muchos años estudiando el karst de Lekeitio y de hecho, pese a tener vedada la entrada a la cueva, nuestro trabajo en la colina de Armintxe no se ha detenido y poco a poco nos está permitiendo desentrañar su complicada hidrogeología. Solo falta que desde la Administración y la Dirección del Proyecto Arqueológico se nos permita proseguir el trabajo en las condiciones acordadas.


Ventajas e inconvenientes del espeleólogo

Ni que decir tiene que no les vamos a decir a la Administración ni a los arqueólogos cómo deben hacer su trabajo, ya que lo saben mejor que nadie (y los espeleólogos pedimos recíproca actitud). Pero para que se nos tenga más en cuenta, debemos ser conscientes de que en nuestro colectivo también podemos mejorar.

Es un hecho que los profesionales desconfían de nosotros, porque el carácter informal de los grupos de espeleología permite que cualquiera (dicho sea en el peor sentido) pueda entrar en ellos. Es una desconfianza lógica. Frente a ello, hay que decir que los grupos de espeleología tienen sistemas de autorregulación, por decirlo de alguna manera. Al menos en los grupos que se dedican a la espeleología científica, existe un espíritu y una trayectoria; y la experiencia nos indica que las personas que no comparten ese espíritu (aventureros, expoliadores, gamberros...) se suelen vigilar de cerca, y no duran mucho tiempo en el grupo. El antídoto contra la desconfianza que los espeleólogos suscitan es, por tanto, afinar estos sistemas de autorregulación. Hay que conseguir que el comportamiento de los espeleólogos sea ejemplar: debemos ser más profesionales que los profesionales, por decirlo de alguna manera. Y en todas las disciplinas que confluyen en el karst (no sólo la arqueología).

Esta multidisciplinariedad es la mayor cualidad de los espeleólogos, y no debemos subestimarla. Tengamos en cuenta que no existen profesionales que dominen todos los aspectos del karst. Los especialistas generalmente lo son en una sola disciplina, y en ocasiones esto ha traído consecuencias desastrosas: comenzar excavaciones arqueológicas en una cueva, causando un daño terrible a su fauna; escanear un panel de arte rupestre con tecnología de última generación, pisoteando y estropeando el yacimiento a ras de suelo... Es raro que algo así suceda entre espeleólogos aficionados, dado que entre ellos suelen encontrarse especialistas de todas las ramas que estudian el karst; algunos profesionales (como se ha visto cuando hemos detallado nuestras diversas ocupaciones), y la mayoría autodidactas. Además, si en el grupo se carece de especialista en una disciplina concreta, es corriente entre los espeleólogos recurrir a otros grupos vecinos, desde donde sin dilación suele acudir un experto en la materia. Ésta y no otra es la forma de funcionar de los espeleólogos amateurs, que al contrario que los profesionales, nos permite abordar simultáneamente todas las líneas de investigación que deben ser tenidas en cuenta en el karst.

No nos extenderemos más sobre el conflicto diplomático; con la esperanza de un pronto entendimiento entre las partes, descendamos de nuevo al pacífico mundo subterráneo.


Problema hidro-arqueológico

Tal como adelantábamos en los apartados geográfico y geológico, la intervención del ser humano ha alterado profundamente el comportamiento hídrico del subsuelo; este problema, con ser grave, adquiere dimensiones alarmantes al suponer un peligro inminente para el conjunto de arte rupestre.

Según los datos recopilados hasta la fecha, ésta es nuestra hipótesis actual sobre la secuencia de los factores que ha derivado en el problema actual (las alturas están indicadas en metros, siendo 0 el nivel teórico del mar):

  • Creemos que el primer factor distorsionante fue la presa. A pesar de que aún no hemos encontrado datos precisos sobre su construcción, sospechamos que debió ser construida en el siglo XIX. Esta presa redujo la velocidad del curso de agua; perdida la inercia, los sedimentos empezaron a acumularse con mayor facilidad, rellenando el lecho del río hasta una cota de 12 m. Esta presa se halla cerrando la galería principal, pero desgraciadamente no hemos podido examinar su parte trasera: como consecuencia de las obras de 2001, tanto su vaso como toda la sección de la galería se encuentran totalmente bloqueados por escombros.
  • Tras la construcción de la presa, aumentó la frecuencia de circulación de agua por la Galería Garavilla (14 m); como consecuencia, los sedimentos comenzaron a acumularse también en ella (hasta el bloqueo definitivo de esta galería el año 2008, por la construcción de un bloque de garajes).
  • En la década de 1950 hubo dos intervenciones urbanísticas: por un lado se construyó el complejo educativo-deportivo de la llanura suroeste; por otro, en el lado noroeste de la colina se construyó el barrio Aldamiz-Etxebarria. Como consecuencia de estas obras, creemos que se modificó el curso del riachuelo que entra a Armintxe desde el paraje denominado Audijo; esto derivó en que el agua abandonara la Galería Audijo.
  • En la década de 1980, se urbanizó el lado este de Armintxe. Una de las nuevas casas hizo derivar sus aguas residuales a una sima, topográficamente situada sobre la Galería Garavilla. Según el testimonio de los vecinos, la sima no tenía capacidad para absorber los residuos que los quince pisos producían, y los sótanos se fueron inundando hasta el punto de que las aguas fecales comenzaron a dañar la estructura del edificio. Esta situación agravó el atasco de la Galería Garabilla. Afortunadamente, se acabó por reconducir las aguas residuales a la red general de alcantarillado. La sima en cuestión la tenemos localizada, y está en curso de exploración.
  • En torno al año 2000, en un garaje del edificio número 22 de la calle Atea, el suelo se hundió al ceder la bóveda de una antigua galería artificial. Los dueños del local taparon el socavón... y el paso del agua. Según nuestros informadores, a partir de ese momento, en época de lluvias torrenciales, el agua comenzó a salir cíclicamente por el lado opuesto de la colina (es decir, por la Galería Audijo) produciendo inundaciones en el complejo escolar.
  • En el año 2001, prácticamente al tiempo que se levantaban los últimos cuatro bloques de Viviendas de Protección Oficial, se construye un nuevo camino peatonal comunicando los barrios de Larrotegi y Letraukua. Esta obra fue la que sepultó la entrada de la cueva de Armintxe, sin estudio arqueológico previo. Además, el desagüe del canal para encauzar las aguas pluviales que corre por el margen de dicho camino se hizo a la propia cueva; esta circunstancia creó un nuevo curso de agua que atraviesa la sala de entrada, y que actualmente está erosionando fuertemente los sedimentos de esta zona de potencial arqueológico.
  • Finalmente, el año 2008, se construyó un edificio de garajes en el solar de la antigua fábrica de conservas Garavilla. El GEV en su día había catalogado una cavidad en dicho solar, (Garavilla II, ref. 1031), indicando que de ella salía agua intermitentemente; como una de las galerías de Armintxe nos ha llevado hasta un punto muy cercano a este lugar, suponemos que se trata de la misma galería que, aparentemente, funcionó como trop plein hasta que quedó definitivamente cegada por la construcción de los garajes.


Hoy en día, la circulación del río por la galería principal está totalmente bloqueada; por ello, todos los años en época de lluvias, el nivel del agua asciende desde su cota natural de 8 m hasta un mínimo de 20 m. En ese momento, con el agua a 5 m por encima de la cota de la Galería Audijo, ésta comienza a actuar como trop plein, enviando el agua en sentido inverso al de su circulación natural, desalojándola en el complejo educativo y produciendo las inundaciones arriba mencionadas.

Ni qué decir tiene que, cuando esto sucede, Hondo Bako Galería se encuentra llena de agua embarrada, que deteriora inexorablemente sus grabados (los que conocemos, y los que están por identificar).

El fin de este círculo vicioso es, evidentemente, el colapso. Tal como ha sucedido en otros sectores, a medida que la obstrucción del conducto actual se complete, el agua encontrará un nuevo camino para salir de la cueva, con consecuencias impredecibles (inundaciones, corrimientos de tierra, afloramientos de agua en lugares inesperados...). Entre tanto, el deterioro del conjunto de arte rupestre seguirá su curso: los grabados infrayacentes al nivel de inundación seguirán sumergiéndose anualmente en agua fangosa; y el acúmulo progresivo de sedimento irá haciendo subir el nivel de agua. Quizás este año el Caballo Solitario, que el año pasado estaba al borde del agua, ya ha sido ensuciado por el agua; quizás el fango ya haya comenzado a inundar la Sala Prohibida y el Panel Principal. No lo sabemos ya que, faltos del permiso necesario, no hemos podido entrar a la cueva esos días de lluvia para registrar el comportamiento del agua.


Líneas de trabajo

Sin lugar a dudas, la línea de trabajo más importante de Armintxe es la arqueológica. En este aspecto no podemos adelantar gran cosa, ya que el procedimiento está siendo inverso al habitual, es decir descubrimiento & investigación & presentación. En este caso, la secuencia que se ha seguido es descubrimiento & presentación & investigación, por lo que puede pasar bastante tiempo hasta que podamos manejar datos precisos; todo lo que digamos entre tanto quedará en el terreno especulativo.

Hay que decir que, fuera de las características poco habituales de algunos de los grabados (claviformes, leones...) este hallazgo es bastante llamativo por la calidad de las imágenes. La mayoría de los grabados encontrados durante los últimos años son difíciles de ver a simple vista: es necesario iluminarlos de forma oblicua, a veces usar programas informáticos al efecto... en definitiva, necesitan cierta preparación previa. Al contrario que los de Armintxe: muchos de los grabados se aprecian a simple vista. Sin quitarle importancia a su significación arqueológica, sin duda este hecho ha contribuido a una mayor difusión del hallazgo.

Abundando en el arte rupestre, tengamos en cuenta que, si bien hasta ahora el objeto de principal atención ha sido el llamado Panel Principal, existe más arte pendiente de estudio en Hondo Bako Galeria. Mientras llegue el momento de catalogarlo, lo mejor que podemos hacer es encaminar nuestros esfuerzos a evitar que se inunden las galerías. Es lo que estamos haciendo en el ADES, con especial dedicación al estudio hidrográfico de la zona.

Evidentemente, la excavación arqueológica en el suelo de la cueva también será importante, en tanto que puede ofrecernos información sobre los autores de los grabados; como hemos mencionado más arriba, tenemos conocimiento de que los arqueólogos han realizado algunos sondeos y de que la empresa concesionaria del estudio geológico también ha realizado alguna intervención. No obstante, no tenemos detalles de estos trabajos porque para realizarlos no se ha contado con nosotros. O mejor dicho: se ha propuesto al ADES participar en alguno de ellos, pero en condiciones que no permitían realizarlo adecuadamente (y para hacer las cosas mal, preferimos no hacerlas).

Aparte de los principales temas arqueológico e hidrológico, durante las 6 semanas que pudimos trabajar dentro de la cueva recogimos información sobre los campos habituales: fotografía, geomorfología (con la ayuda del Grupo Espeleológico Zarama), historia (un campo no muy habitual, ciertamente, pero que en la investigación del karst de Lekeitio es imprescindible) y bioespeleología. Sobre este último, las muestras biológicas recogidas en Armintxe se han enviado para su identificación al profesor Carlos Prieto (miembro del Grupo de Espeleología GAES, y adscrito al Departamento de Zoología de la Universidad del País Vasco). A pesar de que faltan determinaciones por realizar, podemos adelantar que hemos identificado ya varias especies troglobias: Quaestus (Quaesticulus) noltei, Neobisium (Blothrus) sp., dipluros (Campodeidae) y quilopodos (Lithobiidae).


Conclusión

Para solucionar el problema de la inundación que pone en peligro los grabados de Armintxe es necesario llegar a entender el comportamiento hidrogeológico del karst en su conjunto. Para ello, el Grupo de Espeleología ADES necesita organizar su plan de trabajo de forma autónoma; así se le indicó a la Diputación Foral de Vizcaya en la persona del Jefe del Servicio de Patrimonio Cultural, quien se mostró de acuerdo con nuestra petición. No obstante, el tiempo pasa, con cada época de lluvia las galerías con grabados rupestres quedan inundadas, y a la fecha de redacción de este artículo esa voluntad no se ha traducido aún en hechos.

Espeleólogos, profesionales y Administración estamos “condenados a entendernos”; simplemente, no hay otra opción. Lo que sí está en nuestra mano es el plazo para conseguir ese entendimiento: podemos hacerlo rápido, o dilatar la solución en el tiempo. Debemos ser conscientes que elegir una u otra opción tendrá consecuencias directas sobre la conservación del conjunto de arte rupestre.


Bibliografia

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